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También es conocido en algunos casos  como el Diamante Hope, curioso e irónico segundo nombre, ya que se trata de una joya maldita que ha traído muerte y desgracia a quienes lo han poseído.

Cuenta la historia que el diamante Job, que hoy en día se encuentra expuesto en una urna de un museo, fue durante muchos años, causas de muertes horribles, asesinatos, ruinas, traiciones y desgracias. El diamante inicialmente se encontraba en un ídolo hindú, pero fue robado. El ladrón que se apoderó del diamante murió torturado por la población luego de venderlo. El comprador del diamante también sufrió una suerte similar, ya que luego de venderlo nuevamente volvió a india y fue devorado por una jauría. Se cuenta que los posteriores dueños del diamante Job, salvo uno, sufrieron incidentes similares; la única persona que se salvó fue un sultán que exorcizara la joya antes de venderla, no obstante el siguiente comprador continuó la maldición hasta que finalmente, muchos años después pasó a un museo para menguar la maldición.

Se dice que el diamante está maldito, porque los diamantes de ese tipo son obtenidos del mismísimo infierno, es por eso que cuando aparece uno, especialmente en india, los pobladores de inmediato lo ofrecen como parte de la indumentaria de uno de sus dioses para protegerse de la maldición. Robar el diamante de un ídolo hindú, hizo, según la creencia, que la maldición se propagara y obtuviera tantas víctimas.

¿Comprarías un diamante como el de Job? ¿Conocías esta historia? Pues Cuéntame una Historia.

Si es de madrugada, estas solo,  tus puertas están cerradas y sientes que alguien te despierta, procura no abrir los ojos y si los abres, taparte los oídos y no oír, porque si estas muy necesitado y al borde de la desesperación, se te puede aparecer el Supay (diablo en quechua para que no haya cabida a duda).

En fin, cuenta esta historia, que me contó un amigo, que un amigo le contó, que un día, estaba el señor E durmiendo. El señor E andaba con problemas económicos y también de salud, y estaba desesperado. Decía, el señor E estaba durmiendo cuando sitió una respiración helada que le daba en el rostro. El señor E dormía solo, y le extraño la sensación y abrió los ojos, cuando lo hizo, vio que delante de él estaba el Supay que lo miraba con sus ojos rojos. El Señor E se asustó y retrocedió de inmediato, pero el Supay, con su voz empalagosa le dijo “Pídeme lo que desees”, el Señor E era creyente y asustado se tapó la cabeza con sus frazadas y empezó a orar y a repetir el salmo 23, cuando terminó de recitarlo se quitó la colcha y vio que el Supay se había ido.

Al día siguiente contó la historia a los hermanos de su comunidad religiosa, aquellos le dijeron que corrió con suerte, porque si hubiera cedido y pedido el deseo al Supay, aquel le hubiera cobrado caro la concesión del mismo. Con el pasar de los días, los problemas del Señor E se solucionaron, tal vez, gracias a que supo conservar su fe en todo momento, o eso me contaron.

¿Y tú? ¿Qué hubieras hecho? Pues Cuéntame una Historia

Hola Gente,  he publicado apenas ayer pero recordé viendo unas fotos que tenía otra historia que contar y pues me dieron ganas de  hacerlo.  Seguramente si eres limeño y eres amante de las playas te has recorrido todas las de Lima, pues existe en San Bartolo un mirador conocido como el Bufadero o también con el nombre del Suspiro del Diablo que te permite observar cómo las olas revientan contra las rocas y donde puedes ver salir abruptamente como un suspiro entre las grietas que se forman desde arriba.

Tuve la oportunidad de conocer ese lugar en 2007 y pese a que le tengo temos a las alturas debo aceptar que es un hermoso espectáculo, aunque tal vez algo tétrico si se va de noche o quizá sola.  Me interesé por la leyenda así que aquí les pongo lo que averigué de ella.

Lo que redacto es lo que encontré en otro blog, llamado “El Armario de María”, mientras espero la versión de un amigo de la zona. Pues cuenta la leyenda, que hubo un tiempo en el que el diablo estaba buscando un alma para reclutar en las playas de San Bartolo. El señor del infierno dio con un hombre, un tablista que tenía las características que él buscaba en su recluta y empezó a perseguirlo para robarle su alma, el tablista se escondió entre unos peñazcos y juegos de agua con ayuda de su tabla, el demonio, se dice, lo siguió, pero quedó atrapado en el acantilado y se dice que desde entonces suspira, sobre todo cuando las olas son fuertes y los tablistas salen a montar la olas, pensando en su prisión a causa de perseguir a uno de ellos.

Es curiosa esta leyenda contada desde la perspectiva de esta blogger, me recuerda mucho a las diversas narraciones que hay sobre el diablo perseguido y vuelto o encerrado en una piedra y que circulan por el sur, por ejemplo la leyenda de la mano del diablo que te contaré en un próximo texto y en el distrito de Lurín, o la del  Boquerón o la Boca del Diablo en Pucusana.

Saludos, buenas noches y pues, cuénteme una historia o su versión sobre esta leyenda.