Hace algunos meses, cuando viajé a Piura, pusieron en el bus una película con Christina Richie llamada “After Life”, en aquella la actriz aparece, luego de un accidente de tránsito, en el que la han dado por muerta, en la mesa de un morgue e incluso habla con el doctor quien le sigue diciendo, pese a todos sus movimientos, que está muerta, que fue declarada como tal hace unas horas. A lo largo del filme no queda claro si ella sufrió un ataque cataléptico y el doctor es un sicópata o si realmente está muerta y es un filme, llámesele, fantástico. En fin como sea, la lucha de la protagonista es la misma: evitar ser enterrada “viva”. Y pongo viva entre comillas porque en la película la duda queda abierta.

Abro el tema con ese ejemplo para dar paso al asunto de los enterrados vivos que era un temor bastante recurrente durante muchos años atrás a partir del reconocimiento de los primeros ataques catalépticos.  La catalepsia, antes de seguir con esto, es un trastorno, una alteración nerviosa que hace, en líneas generales, que una persona parezca estar muerta, aunque realmente no lo esté. Si bien existen muchas causas que pueden provocar este estado, la verdad es que años atrás no se sabía cómo confirmar aquello y muchas veces, cuando existía la duda (sobre todo en jóvenes que morían repentinamente sin aparente causa alguna) se los dejaba velar por un periodo de tres días a ver si el efecto cataléptico pasaba y si no pues significaba que estaba muerto y e procedía a enterrarlo.

El miedo a los ataques catalépticos y por ende, a ser enterrados vivos, se extendió tanto en cierta época, que muchas personas, sobre todo adineradas, temerosas de despertar luego de su etapa de velorio (o cuando aún no existía esta rutina) dentro de un ataúd o cripta sellada, optaron por ser  sepultadas en tumbas especiales a las cuales se les adhería una campana misma que sonaba si la persona en el interior despertaba luego de ser sepultada.

Cuando visité hace algún tiempo el Cementerio Presbítero Maestro, el guía nos llevo por una zona bastante cargada, de esas a las que te cuestan ingresar porque sientes como si te botaran o que debes salir corriendo de allí. El guía nos dijo que esa zona era famosa porque los cuerpos que yacían en ese lugar eran, en muchos casos, personas, que habían sido sepultadas vivas. Se sabía eso porque algunos nichos del cementerio eran alquilados o rentados por cierto tiempo y en ese tránsito, al retirar los cajones, en algunos casos para trasladarlos o para quemarlos (si no pagaban el derecho a piso), habían descubierto que los cadáveres en el interior manifestaban gestos “post morten” o mejor dicho luego de ser enterrados, donde se encontraba clara la lucha que habían mantenido para escapar de su ataúd.

¿conoces a alguien que haya pasado por un ataque cataléptico, pues qué esperas Cuéntame una historia?

comentarios
  1. raul dice:

    yo sufro esa enfermedad desde los 9 años y nunca tuve miedo , miedo tienen los que estan alrrededor mio cuando me quedo muerto por un instante , saludos raúl

    • anasilver dice:

      Eso confirma lo que dicen que más miedo le tienen a la muerte los que se quedan que los que sea van. Como diría un cínico: “ven muerte pues no te temo, cuando tú vengas ya estaré muerte”

  2. anita dice:

    realmente la muerte es un estado de inconsciencia y no hay por que temerla, mas bien teme al que esta vivo ya que te puede hacer mucho daño, ya que hay cada quien que en su consciencia maquina y sale lo bestia que tiene en el

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