Si es de madrugada, estas solo,  tus puertas están cerradas y sientes que alguien te despierta, procura no abrir los ojos y si los abres, taparte los oídos y no oír, porque si estas muy necesitado y al borde de la desesperación, se te puede aparecer el Supay (diablo en quechua para que no haya cabida a duda).

En fin, cuenta esta historia, que me contó un amigo, que un amigo le contó, que un día, estaba el señor E durmiendo. El señor E andaba con problemas económicos y también de salud, y estaba desesperado. Decía, el señor E estaba durmiendo cuando sitió una respiración helada que le daba en el rostro. El señor E dormía solo, y le extraño la sensación y abrió los ojos, cuando lo hizo, vio que delante de él estaba el Supay que lo miraba con sus ojos rojos. El Señor E se asustó y retrocedió de inmediato, pero el Supay, con su voz empalagosa le dijo “Pídeme lo que desees”, el Señor E era creyente y asustado se tapó la cabeza con sus frazadas y empezó a orar y a repetir el salmo 23, cuando terminó de recitarlo se quitó la colcha y vio que el Supay se había ido.

Al día siguiente contó la historia a los hermanos de su comunidad religiosa, aquellos le dijeron que corrió con suerte, porque si hubiera cedido y pedido el deseo al Supay, aquel le hubiera cobrado caro la concesión del mismo. Con el pasar de los días, los problemas del Señor E se solucionaron, tal vez, gracias a que supo conservar su fe en todo momento, o eso me contaron.

¿Y tú? ¿Qué hubieras hecho? Pues Cuéntame una Historia

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