LA CUDA – Por Enrique Terrones

Publicado: 15 octubre, 2016 en Leyendas y Mitos Andinos

La Cuda

Créditos: Enrique Terrones

Enrique Terrones nos contactó para que podamos contar parte de aquellas historias increíbles que ha podido experimentar como parte de su trabajo como militar. Enrique nos cuenta en esta oportunidad su experiencia con “LA cuda” Debo aceptar que no sabía sobre este personaje mítico de la sierra del Perú.

Dicen que la cuda es una mujer que suele aparecerse a los hombres, especialmente, para atraerlos a la muerte. Ellos suelen rendirse ante sus encantos y terminan muertos por seguirla. Hay otros, que conocedores de sus habilidades saben cómo enfrentarla. Una de las formas de hacerlo, según las leyendas sobre la cuda es hacer una cruz en la piedra con un machete o cuchillo (un objeto de metal con filo), también se escapa de La Cuda si el ladrido de un perro la aullenta.

Conozcamos la historia de Enrique Terrones sobre “La Cuda”

Mi profesión es militar, y por esta carrera he estado en los lugares más recónditos de nuestra tierra, he conocido lugares, personas, animales de toda clase. Por esta misma profesión también he pasado penurias, cansancio, sueño, pero nada comparado con el siguiente relato, que seguramente sorprenderá a muchos, y hará sentir a los conocedores de leyendas y mitos que aún no se conoce del todo lo que acontece más allá de lo que pueden ver nuestros ojos.
Era el año 2,005, no recuerdo exactamente el día, y yo había llegado ya hace varios meses a trabajar a una unidad del Ejército del Perú, en el Centro Poblado de Mesones Muro, cerca del Puerto fluvial de Imacita, en el Departamento de Amazonas. Me había acostumbrado a tener luz eléctrica solamente desde la siete hasta las diez de la noche, me había acostumbrado a dormir escuchando las pequeñas ranas que ofrecían su croar durante las noches oscuras o de luna en la selva misma, estaba adaptado a la vida en la selva, que si bien es cierto no ofrecía las comodidades de una urbe, pero tenía lo necesario para poder vivir tranquilamente.
Para los que no conocen la selva peruana, es una mezcla de misterio y terror por los grandes bosques que albergan mucha vida, el caminar en lugares donde ni siquiera el hombre a puesto un pie, a veces resulta excitante y reconfortante al respirar aire puro y estar lejos del ruido atroz de las calles de Lima y otras ciudades. La selva es un paraje que a los más valientes ha detenido, y que a otros ha mostrado su misterio, como me sucedió a mí.
Como les dije al principio no recuerdo el día, pero nos habían invitado a participar en un campeonato relámpago de fulbito en una comunidad nativa llamada KUSU CHICO, cerca de la estación N° 6 de Petroperú. Estas comunidades nativas se caracterizan por tener gente de extrema pobreza que saben aprovechar lo que la tierra les ofrece, era una fiesta total, los partidos, la gente se había emocionado de vernos llegar a participar ya que muchos estos pobladores también habían realizado el servicio militar en años atrás y el trato era muy especial hacia nosotros, como si fuéramos los invitados estrella del campeonato.
Este campeonato duró aproximadamente seis horas entre goles y pitazos, partidos de honor por aquí por allá, al promediar las ocho de la noche el capitán más antiguo, jefe de la delegación de nueve hombres del Ejercito, mando reunión y procedimos a despedirnos del APU, quien era el jefe máximo de la comunidad nativa, agradeciéndole la hospitalidad que nos había brindado, ofreciéndonos una camioneta para poder regresar al cuartel que se encontraba más o menos a seis kilómetros de donde nos encontrábamos, rechazando dicha oferta, el motivo hasta ahora lo desconozco.
El camino de regreso era de aproximadamente una hora y media, entre carrozables y montes de selva oscura y tenebrosa, que seguramente haría desafiar la mente del más valiente soldado. Caminando por entre las penumbras y en una conversación que no era más que del campeonato, y los goles anotados por los cracks del cuartel siempre mirábamos hacia atrás, a ver si alguien se quedaba o si venían en nuestro encuentro, ya que es normal cruzarse con gente del lugar, sin embargo esa noche por alguna razón nadie cruzo nuestro andar, el caminar era solitario, solo los nueve hombres en medio de la carretera más desolada que jamás había sentido, se distinguían los sonidos característicos de las ranas, los grillos y demás insectos voladores y rastreros de la noche selvática, muy raro.
A la mitad del camino, pudimos distinguir un primer grito que creo duro milésimas de segundo, un grito con mucha angustia, mucho dolor, un grito que paralizo a todos, deteniéndonos automáticamente, podía sentir la respiración de mis compañeros, que se tornaba cada vez más marcada. El sonido aterrador provenía de cerca de unas plantaciones de arroz que se encontraban por el camino, pero no podíamos distinguir de donde, este grito mezcla de llanto, dolor y desesperación cada vez se hacía más prolongado y fuerte, como si se acercara hacia nosotros en forma estrepitosa, sé que nadie pudo reaccionar inmediatamente porque la sensación de escuchar ese sonido era de terror, particularmente se paralizaron mis brazos y piernas, creo que a los demás también, no entendía el sonido, trataba de alguna manera asociarla con animales de la zona, pero no daba con la respuesta.

El segundo grito provino de alguna parte mucho más cerca, que parecía que estaban a nuestro lado, era aterrador el momento, un soldado reacciono y dibujo rápidamente un circulo alrededor nuestro, dijo que nadie saliera de el, ya que estábamos en peligro. Mi incertidumbre se agrandó más al escuchar al soldado, no comprendía lo que estaba sucediendo, me preguntaba si era verdad lo que estaba escuchando porque era la primera vez que tenía esta experiencia tan terrorífica.
No les podría decir si pasaron minutos, segundos escuchando este grito, lo que les diré es que me parecieron eternos, infinitos, inagotables, mientras pensábamos que sucedía a nuestro alrededor, el soldado comenzó hablar en su lengua nativa, el aguaruna, no entendíamos absolutamente nada de lo expresaba sin embargo la sensación era de una oración por nosotros o algo parecido, y como por arte de magia el llanto cesó.
Recuerdo haber estado parado largo rato habrán sido diez a quince minutos, nadie hablaba nada, nadie ni siquiera atinaba a murmurar algo, hasta que el soldado que había “salvado nuestras vidas”, con una palabra mágica dijo: Sigamos…..
Habremos llegado al cuartel, nadie dijo nada, nadie pronuncio nada, lo único que recuerdo es haberme quedado hasta el amanecer junto al oficial de guardia haciéndole compañía , igual que todos los jugadores de aquel memorable campeonato de fulbito. Enrique preguntó a uno de los soldados, al llegar al cuartel qué había sido aquella criatura que gritaba “fue La Cuda, mi teniente”, contestó el otro “fue La Cuda”

 

Relato original de Enrique Terrones Suárez  –

Edición: Wendy Wong Writer

El texto fue enviado al fanpage de Cuéntame una Historia. Gracias Enrique por compartir tu historia con nosotros. (ver texto original)

 

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