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La Cuda

Créditos: Enrique Terrones

Enrique Terrones nos contactó para que podamos contar parte de aquellas historias increíbles que ha podido experimentar como parte de su trabajo como militar. Enrique nos cuenta en esta oportunidad su experiencia con “LA cuda” Debo aceptar que no sabía sobre este personaje mítico de la sierra del Perú.

Dicen que la cuda es una mujer que suele aparecerse a los hombres, especialmente, para atraerlos a la muerte. Ellos suelen rendirse ante sus encantos y terminan muertos por seguirla. Hay otros, que conocedores de sus habilidades saben cómo enfrentarla. Una de las formas de hacerlo, según las leyendas sobre la cuda es hacer una cruz en la piedra con un machete o cuchillo (un objeto de metal con filo), también se escapa de La Cuda si el ladrido de un perro la aullenta.

Conozcamos la historia de Enrique Terrones sobre “La Cuda”

Mi profesión es militar, y por esta carrera he estado en los lugares más recónditos de nuestra tierra, he conocido lugares, personas, animales de toda clase. Por esta misma profesión también he pasado penurias, cansancio, sueño, pero nada comparado con el siguiente relato, que seguramente sorprenderá a muchos, y hará sentir a los conocedores de leyendas y mitos que aún no se conoce del todo lo que acontece más allá de lo que pueden ver nuestros ojos.
Era el año 2,005, no recuerdo exactamente el día, y yo había llegado ya hace varios meses a trabajar a una unidad del Ejército del Perú, en el Centro Poblado de Mesones Muro, cerca del Puerto fluvial de Imacita, en el Departamento de Amazonas. Me había acostumbrado a tener luz eléctrica solamente desde la siete hasta las diez de la noche, me había acostumbrado a dormir escuchando las pequeñas ranas que ofrecían su croar durante las noches oscuras o de luna en la selva misma, estaba adaptado a la vida en la selva, que si bien es cierto no ofrecía las comodidades de una urbe, pero tenía lo necesario para poder vivir tranquilamente.
Para los que no conocen la selva peruana, es una mezcla de misterio y terror por los grandes bosques que albergan mucha vida, el caminar en lugares donde ni siquiera el hombre a puesto un pie, a veces resulta excitante y reconfortante al respirar aire puro y estar lejos del ruido atroz de las calles de Lima y otras ciudades. La selva es un paraje que a los más valientes ha detenido, y que a otros ha mostrado su misterio, como me sucedió a mí.
Como les dije al principio no recuerdo el día, pero nos habían invitado a participar en un campeonato relámpago de fulbito en una comunidad nativa llamada KUSU CHICO, cerca de la estación N° 6 de Petroperú. Estas comunidades nativas se caracterizan por tener gente de extrema pobreza que saben aprovechar lo que la tierra les ofrece, era una fiesta total, los partidos, la gente se había emocionado de vernos llegar a participar ya que muchos estos pobladores también habían realizado el servicio militar en años atrás y el trato era muy especial hacia nosotros, como si fuéramos los invitados estrella del campeonato.
Este campeonato duró aproximadamente seis horas entre goles y pitazos, partidos de honor por aquí por allá, al promediar las ocho de la noche el capitán más antiguo, jefe de la delegación de nueve hombres del Ejercito, mando reunión y procedimos a despedirnos del APU, quien era el jefe máximo de la comunidad nativa, agradeciéndole la hospitalidad que nos había brindado, ofreciéndonos una camioneta para poder regresar al cuartel que se encontraba más o menos a seis kilómetros de donde nos encontrábamos, rechazando dicha oferta, el motivo hasta ahora lo desconozco.
El camino de regreso era de aproximadamente una hora y media, entre carrozables y montes de selva oscura y tenebrosa, que seguramente haría desafiar la mente del más valiente soldado. Caminando por entre las penumbras y en una conversación que no era más que del campeonato, y los goles anotados por los cracks del cuartel siempre mirábamos hacia atrás, a ver si alguien se quedaba o si venían en nuestro encuentro, ya que es normal cruzarse con gente del lugar, sin embargo esa noche por alguna razón nadie cruzo nuestro andar, el caminar era solitario, solo los nueve hombres en medio de la carretera más desolada que jamás había sentido, se distinguían los sonidos característicos de las ranas, los grillos y demás insectos voladores y rastreros de la noche selvática, muy raro.
A la mitad del camino, pudimos distinguir un primer grito que creo duro milésimas de segundo, un grito con mucha angustia, mucho dolor, un grito que paralizo a todos, deteniéndonos automáticamente, podía sentir la respiración de mis compañeros, que se tornaba cada vez más marcada. El sonido aterrador provenía de cerca de unas plantaciones de arroz que se encontraban por el camino, pero no podíamos distinguir de donde, este grito mezcla de llanto, dolor y desesperación cada vez se hacía más prolongado y fuerte, como si se acercara hacia nosotros en forma estrepitosa, sé que nadie pudo reaccionar inmediatamente porque la sensación de escuchar ese sonido era de terror, particularmente se paralizaron mis brazos y piernas, creo que a los demás también, no entendía el sonido, trataba de alguna manera asociarla con animales de la zona, pero no daba con la respuesta.

El segundo grito provino de alguna parte mucho más cerca, que parecía que estaban a nuestro lado, era aterrador el momento, un soldado reacciono y dibujo rápidamente un circulo alrededor nuestro, dijo que nadie saliera de el, ya que estábamos en peligro. Mi incertidumbre se agrandó más al escuchar al soldado, no comprendía lo que estaba sucediendo, me preguntaba si era verdad lo que estaba escuchando porque era la primera vez que tenía esta experiencia tan terrorífica.
No les podría decir si pasaron minutos, segundos escuchando este grito, lo que les diré es que me parecieron eternos, infinitos, inagotables, mientras pensábamos que sucedía a nuestro alrededor, el soldado comenzó hablar en su lengua nativa, el aguaruna, no entendíamos absolutamente nada de lo expresaba sin embargo la sensación era de una oración por nosotros o algo parecido, y como por arte de magia el llanto cesó.
Recuerdo haber estado parado largo rato habrán sido diez a quince minutos, nadie hablaba nada, nadie ni siquiera atinaba a murmurar algo, hasta que el soldado que había “salvado nuestras vidas”, con una palabra mágica dijo: Sigamos…..
Habremos llegado al cuartel, nadie dijo nada, nadie pronuncio nada, lo único que recuerdo es haberme quedado hasta el amanecer junto al oficial de guardia haciéndole compañía , igual que todos los jugadores de aquel memorable campeonato de fulbito. Enrique preguntó a uno de los soldados, al llegar al cuartel qué había sido aquella criatura que gritaba “fue La Cuda, mi teniente”, contestó el otro “fue La Cuda”

 

Relato original de Enrique Terrones Suárez  –

Edición: Wendy Wong Writer

El texto fue enviado al fanpage de Cuéntame una Historia. Gracias Enrique por compartir tu historia con nosotros. (ver texto original)

 

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Fue hace muchos años, cuando era pequeña y jugaba con mis primos en la chacra, al lado de la casa del abuelo. Las chacras de Ica son grandes, y las casas de las familias, no están tan cerca. La pampa también es grande. Ese día, jugábamos a las chapadas y escondidas, una mezcla de los dos juegos cuando de repente, se me ocurrió esconderme detrás de una especie de depósito que había en la chacra. Uno de esos depósitos de adobe que parecen un cuartito pequeño. El cuartito tenía todas las puertas y ventanas cerradas, con candados, como si se guardara algo muy importante, o peligroso dentro.

Mi curiosidad, me distrajo un momento del juego, y quise ver qué había adentro de ese depósito. Noté que había un agujero en uno de los ladrillos de adobe y me empiné para ver. Dentro había un hombre, o lo que parecía un hombre muy raro, al que se lo veía la cara, y de repente vi sus mano huesudas acercándose, estiradas hacia ese agujerito por donde yo miraba. El miedo me paralizó, pero seguí mirando hasta que pude ver uno ojos que asustaban y que parecían se muerto, y sali corriendo desde la chacra hasta la casa del abuelo, y no paré hasta esconderme debajo de unas mantas.

Los que jugaban conmigo, vinieron tras de mí, y los mayores también. Cuando me preguntaron qué pasó, solo dije que había un hombre dentro de la casa, que quería atraparme. Todos fueron a ver, quitaron los candados de la casa, pero no había nadie. Años más tarde, la casa se cayó con el terremoto de Ica, me pregunto si el hombre que vi y que no estaba allí habrá desaparecido con la casa, o estará penando por la chacra.

Las Jarjachas, son seres de la mitología andina que, a diferencia de los condenados o almas en pena, son realmente personas vivas. Las jarcjachas, físicamente, adoptan distintas formas, según las historias, aunque la más popular es la de mitad hombre y mitad llama. Para que una persona se vuelva una jarjacha, ha tenido que cometer un acto incestuoso.

Las Jarjachas, reciben este nombre, por el peculiar sonido que las identifica “jar-jar-jar” y que es la antesala de su ataque. Se cree que la Jarjacha es capaz de hipnotizar o atraer a su víctima para luego asesinarla.

En ciertas historias, se dice que la Jarjacha no es consciente de que lo es, ya que la transformación se da durante la noche, y en horas del día es una persona normal. También se dice, que en ciertos casos su fin no es asesinar, sino simplemente asustar a los pobladores. Otro mito alrededor de las Jarjachas, es su rasgo de inmortalidad, se piensa que las personas más viejas de una población, cuya edad no puede revelarse, pueden ser unas jarjachas, ya que como estas, nunca mueren por causas naturales.

En la costa, a las Jarjachas se las suele llamar “lloronas”, y suelen caracterizarse por caminar bastante rápido, por lo que es casi imposible atraparlas. Del mismo modo, estos seres, presentan como alas, y suelen vestir siempre de negro.

El mito dice que es recomendable no enfrentarse solo a uno de estos seres, y que si se los enfrenta, es mejor hacerlo en grupo y portando, entre sus utensilios sogas de pelo de llama, crucifijos y armas de metal que asustan a la Jarjacha. Los mitos de captura de Jarjachas en la costa, muestran que estas no logran ser plenamente identificadas. En un caso local, me contaron hace poco, que hace como veinte años los pobladores de la localidad donde vivo atraparon a una “llorona” y la apalearon, al parecer, la llorona logró escapar, pero a todos les pareció muy sospechoso, ver al día siguiente, a una de las mujeres más viejas del distrito, llena de vendas.

Hace unos días me contaron algo que pasaba por el barrio donde antes vivía, ahí les va la historia.

Se dice, que durante las noches, cuando el silencio colma las calles, se oyen unos ruidos como de cadenas en los techos, además de como si caminaran por sobre las casas.  Cuando se oyen, todos están en sueño profundo y son pocos los valientes que todavía se hallan despiertos y se atreven a subir al tejado para saber de qué se trata. Me cuentan, que una noche, el papá de una amiga se atrevió a subir porque el ruido no lo dejaba dormir; para su sorpresa, se encontró que sobre su tejado, se elevaba una figura humana, de espaldas, toda vestido de negro. El hombre tenía un arma, y amenazó a la figura con ella, se dice que la figura volteó, y mostró el extraño rostro de una mujer. El hombre asustado disparó su arma y la extraña mujer salió volando de su techo.

Algunos creen que esta mujer es posiblemente una bruja, y que no es la única que anda vagando por el barrio durante las noche. Otros piensan que puede tratarse de una Qarqacha, un ser de la mitología andina que se divide de su cuerpo humano durante las noches, para pagar sus culpas incestuosas.

Existen diferentes mitos andinos que tienen a mujeres como protagonistas, uno de aquellos es el Mito de la Uma. Uma, es una palabra quechua que traducida al español, se entiende como “Cabeza”, no obstante, el término “La Uma”, se utiliza además, para designar a la cabeza voladora, un ser mítico y nocturno, que tiene relación con las brujas de los andes.

Se dice que La Uma, es siempre una mujer joven que tiene la peculiaridad de tener los cabellos sueltos y muy largos. Para identificar a una Uma, es necesario saber que aquella no se deja visitar en ciertos días de la semana, cuando su cabeza se separa de su cuerpo y sale al campo buscando nuevas víctimas. Por lo general, los días en que la uma no puede ser visitada, es los martes y jueves, aunque hay quienes dicen que tampoco los viernes.

La Uma, prefiere como víctimas a hombres, especialmente jóvenes. Si la Uma (cabeza voladora) para por entre las piernas de su víctima, aquel morirá irremediablemente; se dice también que si el cuerpo de la Uma es destruido (Quemándole con sal el cuello cercenado), aquella se verá obligada a andar sin dirección esperando un hombre al cual adherirse y del cual vivir hasta que lo consuma totalmente.

Una forma, que según cuentan, es ideal para liberarse de la Uma, es pasando entre árboles espinosos a los que La Uma teme. Pasar por dichos árboles, si se tiene a una Uma pegada o persiguiéndolo, hará que sus cabellos se enreden en los espinos y quede atrapada hasta morir.

 

¿Conocías el mito de La Uma? Pues Cuéntame una Historia

Sin lugar a dudas, muchos de ustedes deben haber escuchado esas historias de terror estadounidenses, en las que se cuenta que dos chicos, van manejando su camioneta, o carro, cuando de repente, se les aparece en el camino una muchacha, de bellos rasgos que les pide que la lleven. El mito suele contar, que por lo general, los hombres, que son los que comúnmente, son las

víctimas de este fantasma, dejan subir a la muchacha y que en el camino ella o misteriosamente desaparece, o los lleva a su muerte.
En el caso de Perú, también existen historias de fantasmas de las carreteras, de hecho una vez tuve la oportunidad de escuchar este mito, como la experiencia de un familiar cercano. Aquella persona me contó, que en el camino de Ica a Lima, que suele ser desolado, cuando se venían en un auto con otras personas conocidas, vieron a lo lejos a un hombre que cruzaba delante de ellos, el hombre tenía el rostro quemado y cuando el que conducía lo vío dio más velocidad al auto, algunas de las personas que estaban con mi familiar en el auto le preguntaron por qué no se había detenido a ayudar a aquel hombre, a lo que el hombre y mi pariente contestaron que era mejor así, porque era imposible que alguien estuviera por esa zona a esas horas de la noche, y que no había ningún accidente cerca, y que además, en esa zona, solían aparecerse espectros de gente que había muerto en pasados accidentes de carretera, y a quienes no se debía recoger por nada del mundo ya que si lo hacías, te seguirían por siempre.

¿Te has encontrado con algún fantasma de la carretera? Pues cuéntame una historia y a asustarnos se ha dicho.

También escuché un relato similar contado sobre el distrito de Santa Anita. Un mototaxista recoge a una señora, y la señora le pide que la lleve y le va dando las coordenadas, al final el taxista es llevado hasta el cementerio y la señora baja de la moto, y al hacerlo el conductor se da cuenta de que no tiene pies sobre los cuales sostenerse y que está flotando… y asustado, suele huir del lugar, que es lo mejor que puede hacer ya que, se cuenta, que este tipo de fantasmas, con conocidos como “condenados”, en algunos casos. ¿Conocías una historia así?

En alguna clase en la universidad me hablaron acerca de las apachetas. Bueno, como todo conocimiento nuevo merece ser compartido, hoy quiero contarles acerca de ellas y por qué cuando van a zonas de la sierra, tienen que tenerles respeto y no andar destruyéndolas ni coleccionando las piedritas que las conforman.

Las Apachetas son montículo  que se forman con piedrecillas en los distintos caminos. Por lo general aquellas tienen la forma de pirámides que, curiosamente, son condensadores naturales de energía cósmica, aunque ese no es el motivo de su forma en el mundo andino.

Estas Apachetas se colocan, por lo general en los caminos, aunque en sí, más específicamente, es común hallarlas en las afueras de los pueblos y son dejadas allí por los  mismos pobladores que por uno y otro motivo tienen que partir (temporal o radicalmente) lejos de su hogar. En ese sentido la Apacheta sirve como una suerte de tributo al wamani o cerro que protegerá al viajero durante su travesía lejos de su tierra y por ende de su Apu protector.

Como se ve las apachetas presentan en sí un amplio contenido místico y ritual y encierran en sí mismas parte de las costumbres y la cosmovisión andina. Destruir una Apacheta sería volver a la época de extirpación de idolatrías que se viviera durante la Colonia, cuando los curas de aquel entonces imponían cruces sobre estos montículos. Todavía hoy, de hecho es posible observar antiguas cruces sobre más antiguas apachetas, ocasionándose un peculiar tipo de sincretismo, ya que, al orador el poblador andino ante la cruz no solo ora al Señor Jesús crucificado, sino también al Apu (o señor de los Cerros), a quien fue ofrecida esta ofrenda.

 

¿Te suena conocido el término? Yo me enteré de este por algunas historias que me contaron así que te contaré un poco a ti, primero déjame contarte una historia.

Hace tiempo a un joven, cuyo nombre no diré, lo perseguía, según cuentan sus familiares, un espíritu errante. A este joven se le aparecía el espectro de una mujer que lo acosaba ya sea con su presencia, dándole pesadillas, tratando de ahorcarlo mientras dormía, jalándole  las sábanas entre otras cosas. El chico bajo de peso y se enfermó por el acoso de dicho espíritu. Su familia, asustada con lo que estaba sucediéndole al hijo deciden llevarle donde uno de esos señores que rezan y a los que suelen llamar curanderos.

Un curandero es, en nuestro país (y posiblemente en muchos otros países de tradición andina) un hombre capaz de aliviar padecimiento a base de hierbas y también de ciertos rituales: pasadas de cuy, pasadas de huevo, baños de florecimiento y por supuesto las famosas “mesadas”.

Bueno, la familia de este joven lo llevó con el curandero, quien le dijo, luego de evaluar a este chico que aquel era asediado por un espíritu errante femenino, a este lo podía haber encontrado de forma accidental o, podría caber la posibilidad de que alguien, posiblemente alguna persona malintencionada se lo había enviado confiando en que le hiciera daño y se consumiera. Este viejito curandero era bastante sabio así que decidió hacer una mesada. Según me contaron, para realizar esta actividad ritual necesitó de un determinado número de personas (cuya cantidad exacta no recuerdo). Estas personas tenían que reunirse por una determinada cantidad de días dentro de los cuales el viejito practicaba la famosa mesada que consistió, en líneas generales, en alejar a ese espíritu errante del joven; según me contaron el viejito hizo, ya que este espíritu errante era muy fuerte, que el espíritu malo fuera absorbido por sí mismo, para de ese modo no vuelva a molestar al joven y también, de esa manera, con el poder que él tenía, estuviera controlado y no hiciera daño de nuevo.

El joven se alivió, desde entonces la actividad anómala que le pasaba al rededor se calmó y el viejito siguió con su trabajo de curandero hasta que falleció varios años después en circunstancias naturales (era bastante mayor).

Las personas que me contaron esta historia no entraron en detalles sobre lo que se hacía en una mesada así que decidó investigar y esto es lo que encontré:

La mesada es un ritual andino, mediante el cual el curandero reúne a un grupo de personas para que lo ayuden en su objetivo. En la mesada el curandero limpia  a los participantes (haciendo las famosas “limpias”, que hace que todo el daño y las energías negativas que tienen los participantes se vaya y así se encuentren listos para enfrentar al mal por el cual se realiza la mesada). Antes de esto se forma la mesa ritual, a la que se debe el nombre de mesada. En esta mesa ritual se encuentran elementos personales del Curandero que son los… digamos talismanes que le dan poder para combatir a las energías negativas a las que se enfrenta.

Una vez que los elementos necesarios están en la mesa y se ha invocado a Dios y a los protectores del chamán (que varían según cada uno); y que se ha hecho la limpieza de los participantes, se sigue con el ritual. Leía en foro de participantes de mesadas que, tras la limpia se empieza a llamar a uno por uno de los visitantes (si es una mesada colectiva) y se le hace pasar por algunas labores (rituales), una de ellas es bailar al son de unas maracas, estas ocasionan que los demás participantes puedan ver en quien danza, a la persona que le ha hecho daño a este y que, el chamán sepa qué tipo de daño le han hecho y hace cuanto. Si el daño ha sido solicitado solo una vez y solo una vez ha sido hecho el ritual contra la persona, la persona tiene mayores probabilidades de aliviarse (de hecho lo hará). Existen casos donde el daño es más severo, según cuentan hay brujos malos que tienen pactos con seres demoníacos y que hacen rituales con el fin de matar a la persona a quien le encomiendan; según cuentan, sobre estos últimos caso, es más difícil erradicar el mal porque intervienen elementos como: dar de comer arena de muerto, entre otros que son tan fuertes que prefiero no mencionar.

Vale decir además, sobre las mesadas, que el curandero se enfrenta, no a la persona dañada sino a la sombra que se crea de esta (Sombra en término mágicos y negativos) y que es la que posee todo el daño. Una vez que se derrote el daño de la sombra la persona afectada se verá aliviada.

Los rituales de  curanderismo, como la mesada puede durar varias sesiones o una sola, dependiendo del daño. Por lo general aquellas empiezan en la medianoche cuando las sombras son mas notorias y terminan al amanecer, cuando los visitantes se van portando amuletos para protegerse (muchos de ellos ya aliviados).

¿Has tenido experiencias directas o indirectas con mesadas o los llamados daños? Pues Cuéntame una historia

¿Te sabes la historia de la llorona? ¿No? Pero si cada pueblo ha tenido en algún momento historias al respecto. En mi distrito, por ejemplo, años atrás por la década de los 70 existían hombre que se disfrazaban y salían a las calles de noche a asustar a la gente de aquella época imitando a este personaje de las leyendas. La gente, según me cuentan mis papás salía corriendo o tenía miedo de salir por toparse con esta “mujer” que realmente era un hombre disfrazado a quien le gustaba jugar bromas a los crédulos. Obviamente la broma de aquellos estaba inspirada en una leyenda popular, que era la de la llorona, un mujer que según el mito recorre las calles (Algunos dicen que los cementerios) buscando a sus hijos. ¿Te sabes la leyenda de la llorona? ¿Cómo se contaba en tu pueblo?

Muy pronto te traeremos la versión que más circula de este mito popular.

En el artículo anterior, les conté dos historias sobre condenados, la primera recopilada de un relato de Arguedas, la segunda de mi experiencia personal, bueno una historia contada oralmente.  Ahora les hablaré un poco más sobre los Condenados para que puedan saber a qué tipo de alma en pena me refiero.

Como adelanté en el artículo anterior los condenados a los que me remito son unas entidades más conocidas en la zona andina de mi país, posiblemente también se los conozca como tales en las zonas andinas de Bolivia u otros paises sudamericanos.  Estos personajes son muertos que vuelven para llevarse consigo o a las personas con quienes cometieron el pecado terrible que los obliga a ser condenados, o en algunos casos son seres que mendigan buscando a alguna víctima que pueda ocupar su lugar dentro del caos en el que se encuentran, para que un vivo ocupe el lugar del condenado, el condenado debe sorberle los sesos. El la cosmovisión andina se cree que es en los sesos donde se encuentra el ánima, aquello que da movimiento al ser humanos: vitalidad.

Pueden hacerse muchas cosas para evitar caer ante un condenado, entre ellos, hacer como el personaje de mi segundo relato y rezar o soltar insultos mientras se suena un instrumento metálico como un cuchillo,  también se puede usar pelo de llama, aunque en este momento no recuerdo cómo, luego también se puede salvar de este ser estando en parejas  de cuatro personas (El condenado es un agente del caos en la cosmovisión andina, el número cuatro es el número del orden, así que es la mejor arma contra el caos).

El Condenado suele aparecer de noche o cuando la tarde se está yendo comúnmente no tiene voz en la distancia y sí en la cercanía. Suele tener la cara cubierta, si se la ve esta suele ser una calavera o estar llena de gusano o ser la de un rostro en descomposición. El condenado suele andar por caminos desiertos o despoblados. Siempre suele versele como llevando una carga muy pesada – es el peso de las culpas que cometio en vida.

Ahora sí ubicaste las historias de condenados que queremos? cuéntame una historia dejando un comentario.

Mira también nuestro artículo sobre Condenados

Es un artículo de https://cuentameunahistoria.wordpress.com/